Un camino
Esta es la historia de lo que recuerdo; es la
historia de un camino que no olvidaste, que viajas y recorres todo el tiempo,
de un lado a otro. Sigo teniendo presente cada una de las veces que nosotros lo
pasamos juntos; envueltos de un aire melancólico, a veces melancólicalegre y
otras melancólicaciago, pero todas esas veces había algo que nos llevaba juntos
por el camino. Podíamos estar discutiendo, en silencio abismal, en pasiones concupiscentes
o en contagios irrisorios, mas lo que recuerdo de este camino, crucialmente no
son los detalles en el pavimento o el color de los alrededores, no es tampoco
el sabor del aire al alejarnos de la conglomeración y llegar a la serenidad o
viceversa; lo que más me aflige recordar es tu memoria, inexplicablemente te
recuerdo en toda tu miserable incomprensión, cada parte de tus emociones y cada
augurio de tu voluntad que expedía un olor a lamentos; recuerdo también la
vibración de tu voz y la inocencia disfrazada de tus sonrisas, los llantos los
sufragios y las locuras indecorosas que teníamos en común. Sin embargo, igual
me viene a la mente cada mirada iracunda que me dedicaste, todo el dolor que
tiene tu nombre y la forma de tu espalda cuando me abandonabas; y cada vez que
te ignoré, molesté y denigré frente a los demás semejantes que corrían por el
camino o conducían sus camiones por él. Desde el inicio, durante cada emoción y
hasta la locura misma recuerdo. El “nosotros” que procuramos mantener y que
tuvimos, lo tuvimos en el camino.
Y entonces, en el único camino que ha
existido y que jamás existirá, hay otras sonrisas y otras pasiones que trabajan
diligentemente; hay otras historias como la mía que se encuentran en proceso,
en recuerdo o en inexistencia prematura, y que tomarán este camino de ida y vuelta
cien mil veces juntos o cuantas más vacíos, a través del arrastre de sus ojos.
Este camino ha escuchado tanto que me arrastra en desasosiego, mas desconocemos
la virtud de su existencia. ¿Quién se ha preguntado siquiera la razón de ser de
este camino que lleva a ninguna parte y nace desde ningún lugar? ¿Quién ha sido
tan desdichado como para quedarse sentado en la orilla del camino, simplemente
viendo pasar a los demás cada segundo de cada hora de todo el tiempo? Al menos
sé que nadie por voluntad propia, y por lo que yo entiendo, los pocos que
exprimen su vigor lo sufren in situ,
enraizándose a la tierra que se encuentra debajo del pavimento inquebrantable y
atormentados por la visión eterna de los caminantes. Desdichados que pululan
por los márgenes del camino, envidiando el caminar ajeno y el vivir sonoro de
quienes no pueden alcanzar. Me ha tocado verlos; una crueldad injusta que se
construyeron.
Me preguntan que por qué escribo cada
vez que pasamos por el camino o que me ven en él; llevo escribiendo en este
cuaderno más hojas de las que tiene y de las cuales sólo mantengo las tres más
recientes, para ver si así me puedo olvidar de todas las veces que pasamos por
aquí tú y yo, porque hoy en día es lo único que rememoro. Escribo para no tener
que hablar, porque en la voz me reduzco al nivel más bajo y porque con ella te
expulsé un día como cualquier otro hacia el camino, sólo que esta única vez
saliste antes que yo. Escribo porque no quiero seguir caminando y cada día me
convenzo de que lo dejaré de hacer, sólo para que al día siguiente me envuelva
atrozmente el inexorable sentimiento de esperanza; despertarme en silencio y sentir
el fragor de la incertidumbre de tu existencia. ¿Y si hoy te encuentro en el
camino? ¿Y si me quedo mejor al margen del camino, esperándote por siempre? ¿Y
si tú también me estás buscando? Pero nunca nos hemos vuelto a ver, por
reducida que sea la probabilidad de que nos encontremos recorriendo, sin
importar que yo vaya de vuelta y tu saliendo o que el peso del dolor de un amor
pasado sólo recaiga en los hombros de este hombre que recuerda aún, aunque cada
vez que pise este camino, lo haga con la certeza de que al verme no tendrás
idea de cuántas veces ya me has visto.