Te tengo en
un fragmento. No pasan de tres cuartillas, lo prometo. ¿Qué he escrito? No es
poesía, ni cartas o dedicatorias que te remitan. Tengo tu imagen, tu forma y
fondo desde mi perspectiva. Te tengo descrita, explícita como un campo minado de
nogales donde cada uno es una historia; así cada parte de tu cuerpo está plasmada
para mí, como nota personal que se lee en silencio. Tus tormentos, o al menos
los que me han interesado, los escribo en tu fragmento y es para etiquetar los
acontecimientos entre los dos; tengo un par de conversaciones, escritas al pie
de lo entredicho. Tengo algunos gestos tuyos que me entorpecen en su ternura.
Tengo tu sonrisa, tus sonrisas, las diferencias en presentación y en
significado; cada una pinta distinto y ahí están todas almacenadas. Si te has
ido o yo soy el ausente no es lo que importa, de hecho, nada importa, es un
estudio de tu persona lo que tengo, un momento de reflexión en tus expresiones
y en las interacciones que logramos vivir. Suena algo deschavetado, si lo digo
así como ahora, que te he escrito y te he estudiado tantas veces durante mi
memoria cada día más laxa de ti, de nosotros. Lo lascivo se transfigura en
pudibundo, aquel lunar escondido está igual ahí aunque yo ya no lo recuerde. Y
aunque estás ahí tan tuya como siempre has sido, en este texto eres
sencillamente lo mejor de tanto recuento que a veces se confunde entre
distintas voces o distintas fechas.
¿Y
sabes qué? No lo leo. Nunca lo he leído. Si lo hiciera sería un masoquismo
atroz e innecesario, ¿para qué? Te escribí para justificar a mí mismo las horas
que le he dedicado póstumamente a nuestra coincidencia y cerciorar de que hubo
una razón de tanto tiempo por ti. Si te tengo en un fragmento te lo digo, sé
que estuve enamorado de ti y saber eso le resta peso a la realidad: ¿que cuánto
tiempo? ¿que en qué lugar? ¿que en cuáles circunstancias? No importa, porque
estuve enamorado de ti y ésa en sí es una realidad que trasciende más allá de
las otras, que instantáneamente se han vuelto banales y transitorias. He leído
muchas veces y constantemente sobre el amor. No sucede tan seguido a mi parecer
o a mi gusto; al darse uno cuenta que entre amores se atora uno durante años
enteros en la expectativa insensible obliga a que se digiera la noticia como un
drama improvisto dentro de la vida neutral. Y entonces pienso que en realidad
tu fragmento es para sustentar mi ego y mi adolescencia eterna, porque no te
relato para nadie, solo estoy hendido sobre mi teclado y bajo las nubes grises
de la noche que percibo a través del mosquitero.
¿Quién
eres ahora? No lo sé. Pero alguna vez fuimos juntos algo intachable. Han habido
otras en mi sendero desde entonces, seguramente han caminado otros por tus
rumbos también. Pero alguna vez fuimos juntos algo intachable. Tú y yo
sucedimos. Y mientras ocurrimos te observé, te amé. Las fechas siguen rotando y
mi memoria se desgasta, cada vez menos detalle, menos alegría en recordar. Por
eso decido que perdures genuina como aquellos días dentro de éste, tu fragmento,
y no te me cueles entre los buenos recuerdos como el agua entre los dedos.