Monday, 11 August 2014

Déjenme ser miserable


Déjenme ser miserable.
Si estoy resbalando, déjenme caer.
Dejen que sienta el ardor de cada día insufrible.
Véanme ir, pero no intervengan.
No me detengan, déjenme doler tantito.

Voy corriendo tan rápido que tropiezo,
y quiero sentir ese vuelco en el alma.
Todo es culpa de mi propia decisión.
Dejen que lo entienda, escuchen mientras grito,
pero eviten contactarme. No quiero intervenciones,
quiero sentir el calor de mis errores.

Que se impregnen en mi mente.
Que se tiñan de mi piel.
Que me empujen hacia la locura
de la más viva emoción.
           
Déjenme ser miserable.
Ya no veo tan lejos como antes.
Dejen que estalle contra mis paredes invisibles.
Que me levante solo, cuando pueda, si es que debo.
Que se me caigan las uñas de tanto escarbar en lodo.
Que se me quemen las pestañas de tanto llanto
y tomen nota de aquello.

Déjenme enroscarme y achicarme,
volverme tan pequeño como un insecto arrepentido.
Dejen que vuelva, dejen que rechace,
no me abandonen,
sólo otórguenme un silencio minúsculo
mientras me acostumbro a estar sin ella.

Dejen que mi sueño adolescente me alcance,
que me exija ser honesto,
que me aviente hacia el debate entre ustedes, los otros,
y lo mío.

Déjenme ser miserable.
Un momento, un instante.


Sunday, 10 August 2014

Sobre la media en el romance


Es una maraña de incongruencias. Sucede que estamos en una relación amorosa, digo amorosa porque me refiero a un cariño y codependencia emocional entre dos personas; entonces, estamos en una relación amorosa y ¿qué pasa? Cada quien se va por su propia ruta emocional. Es cierto. Es inevitable. Y creo, si me permite la vida decirlo, que se debe a la inmersión mediática desde que ésta comenzó en el siglo XX. Veamos la situación. Sale una película romántica, donde sucede una historia con eventos exageradamente pronunciados para lograr una mayor retención del público, y entonces comenzamos a desarrollar en nuestras fantasías una símil a estas historias creadas precisamente para ocasionarnos movimientos no deseados en nuestras emociones; hechas para que cuando estemos sentados en el cine viéndolas, lloremos de melancolía o nos cause gracia la situación casi irreal en la que los personajes se desarrollan. Y como decía, ¿qué pasa entonces? Pues que poco a poco de una forma muy sutil, comenzamos a incorporar estas fantasías románticas a nuestras relaciones reales. Lo cual, es ya una agresión contra la relación en sí. No creo que tenga nada de malo que nuestras fantasías románticas se vean afectadas o dirigidas por la inmersión mediática que comento, pero vaya que tenemos un gran problema de A) confusión, B) malinterpretación y C) individualidad en nuestras relaciones reales. En lugar de depender de la respuesta emocional de la otra persona y tener una mente fresca (sí, es la mente) para escuchar (con todos los sentidos) lo que la otra persona añora en silencio, comenzamos a imaginarnos que la otra persona piensa de cierta manera, o que espera que suceda algo y nosotros debemos “atinarle” a lo que sea que satisfaga las necesidades psicológicas, emocionales o pasionales de la pareja. Contra qué pared nos hemos topado, caray. En las películas, el hombre perfecto siempre sabe lo que la mujer, renuente a la palabra o a la expresión, necesita. La mujer perfecta siempre logra maniobrar las acciones y emociones del hombre en una película. Así es como funciona porque una historia tiene que comenzar y finalizar en menos de dos horas y media y estos “atajos” en las relaciones amorosas de la media sólo nos enseñan los highlights de lo que además es una similitud a la realidad. Son idealidades formuladas en el siglo pasado que se basan de otras idealidades formuladas desde el inicio de la expresión artística: la poesía, la novela escrita, el drama. Idealidades que ciertamente, no lo voy a negar, se han ido disolviendo en la media de este nuevo siglo, pero que sin embargo se alcanza a vislumbrar subyacente a esta “nueva época” del cinema amoroso. Cada vez hay más incongruencias en las comedias románticas, pero eso sí, tocan los temas actuales, las problemáticas sociales vigentes se reflejan en las nuevas películas. No quiere decir que las idealidades hayan cambiado en las películas. Repito. No quiere decir que las idealidades hayan cambiado en las películas.
Me esfuerzo para comprender esta situación. Soy una víctima más, y un agresor más de esta inmersión mediática en el romance individual. Lo lamento bastante. Reniego haber caído con fuerza ante esta disyuntiva emocional que sí, se me construyó en base a la educación familiar y a la media. (Que al mismo tiempo considero que la educación familiar parte de la media, digo, mis padres tampoco vivieron un tiempo sin media dentro de la sociedad). ¿Cuál es mi rol? Confieso que no lo sé. Confieso que estoy confundido en gran detalle. Lo único que comprendo es que más allá de cualquier específico, las idealidades de la media me siguen mandando. El buscar el amor ideal. La historia perfecta. Amar y ser amado. Suena sencillo, suena repetido, suena como el pan de cada día: Noticia de último momento “Hombre busca amor en la vida. Busca. Busca.” Es esta búsqueda incesante que cuando obtienes un destello de perfección en una relación amorosa, lo persigues hasta que te das cuenta de la ilusión, es el eterno resplandor a lo lejos sobre una carretera ardiente, que siempre se observa y se tiene una curiosidad por alcanzar, pero que nunca se obtiene, que no es más que un terrible juego de la física y la biología de nuestros ojos y mente. Sé que tengo que escribir esto. Hoy, ahora. Sin importar la razón ni el objetivo. Escribirlo antes de que se me vaya la idea como se me han ido todos los momentos de mi vida. Ya estoy cansado de querer dar un mensaje, ésta es mi expresión solamente para ver si de perdido en algún lado, en algún momento alguien logra entenderme a través de la escritura en este momento de claridad que me llena de nostalgia y de miedo. Pero también de esperanza. También de vigor y de ganas de levantarme y salir corriendo muy fuerte.
En resolución, creo que estamos terriblemente contaminados. No creo que haya solución. Probablemente pienses en alguna, pero creo que ya la he considerado también. No creo que haya solución. Creo que hay convivencia con esta evolución emocional del ser humano. Es parte de nuestra naturaleza vivir en la constante división expectativa/realidad. Nos da optimismo, nos señala el por qué levantarnos e intentar una vez más. Quizás hoy sí la veo en el pasillo y me decido a hablarle. Quizás hoy me encuentre un buen trabajo que a la vez me dará una buena vida y me admirarán por eso. Quizás hoy es el día en el que me llaman de esa maestría a la que es muy probable que no entre. Quizás esta vez para variar me toca ser el único 100 del salón. Así son todos mis días. Mi pasión se nutre de esta visión de expectativa/realidad que me esclaviza.
Cuando hablo de mí, imagina que tú escribiste esto. Imagina que estas palabras las pensaste y las desarrollaste y esto es tuyo. Yo no importo de esa forma, lo relevante es que esto es para ti también, o más bien, sobre todo.