Tengo a una
pequeña guardando soledad en mi
pecho
desprotegido. Está tierna, está aterrada.
Tú la llamas
y escucho cómo apenas contesta
entre un
incesante descaro de borrones azules.
Oh! Las
llamas de otros fuegos, titilan, buscan
y queman, no
entienden a mi pequeña; llora.
Restos de
otros huesos, más lacónicos que los tuyos,
más olvidados
y apagados. No chillan con tu voz.
Alimentas a
mi pequeña y así nos cubres, noble, buena.
Roja de amor
se ha puesto en espera y yo veo también.
Eres mi fuerza
inmovible, mi pasión escarlata, mi morena
clara. En ti
estoy yo, está mi pequeña y el resto nos pesa.
Tus ramas me
avivan, tu lecho me anonada y río
para
confirmar tu vibración oculta. Oh! Tan mía tú.
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