Me puedo
pudrir en el llanto de una espera
inalcanzable,
inalterable, insípida y sombría.
Me puedo
esconder bajo el manto
de tu inmensa
soledad, tan lúgubre eres tú.
Y no me
alcanzan los lustros
para sentir
tus desiertos,
para probar
tus lamentos ancestrales.
Voz de luna,
tierna estela, lávame y tócame.
Me puedes
matar tan sólo queriéndolo.
En esos besos
me ahogo, en ésos me muero.
Me puedes
romper y aliviar en un mismo
instante de
eterna agonía endulzada.
Ahí voy sin
alma porque me la robaste.
Ay de mí, ay
de ti, ay de nosotros, amada.
Somos océanos
que se deslizan y revientan
en el ocaso,
perdidos, pero juntos y solos,
solos siempre
seremos. Hoy me amaste.
Te puedo
atrapar entre mis páginas tristes.
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