Se me olvidó en un momento tu delgada simpatía,
cuando me cepillé los dientes en la mañana se me escapó el olor de tus suspiros
y me quedé sin ellos por primera vez. Ya he olvidado mucho de ti; y lo poco que
aún me queda decae con rapidez, pues no es alegre en mi vivir. Olvido tanto
toda la noche mientras fallo al recordar tu cabello (¿Largo? ¿Lacio? ¿Rubio?),
se me va tu teléfono junto con tu hogar y tu mascota favorita. No encuentro tus
gustos culinarios, no sé si prefieres tornillo o clavo, me espanta el susurro
de tu figura ya inverosímil, ya difusa. Estás lejísimos desde que te amé. ¿Quién
fuiste? ¿Cuándo estuviste? ¿Qué vivimos? No tengo memoria alguna de las cenas
que te preparé, ni de los restaurantes y bares que desvivimos. Tu color
favorito: no existe ya; la ventana medio rota: un clamor del ayer; los
calcetines colorados: vistos en Walmart quizás. No entiendo qué pasó, pero se
perdió tu sabor. El sentir de tu cuerpo, ¿será que ocurrió? Me envuelves todavía,
¿o miento y soy yo? Te escribí tantos poemas que te hicieron reír, ¿o bostezar?
¿O qué respondiste, si es que lo hiciste? Me negaste o me viviste, no sabré ya.
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