Es una maraña
de incongruencias. Sucede que estamos en una relación amorosa, digo amorosa
porque me refiero a un cariño y codependencia emocional entre dos personas;
entonces, estamos en una relación amorosa y ¿qué pasa? Cada quien se va por su
propia ruta emocional. Es cierto. Es inevitable. Y creo, si me permite la vida
decirlo, que se debe a la inmersión mediática desde que ésta comenzó en el
siglo XX. Veamos la situación. Sale una película romántica, donde sucede una
historia con eventos exageradamente pronunciados para lograr una mayor
retención del público, y entonces comenzamos a desarrollar en nuestras
fantasías una símil a estas historias creadas precisamente para ocasionarnos
movimientos no deseados en nuestras emociones; hechas para que cuando estemos
sentados en el cine viéndolas, lloremos de melancolía o nos cause gracia la
situación casi irreal en la que los personajes se desarrollan. Y como decía,
¿qué pasa entonces? Pues que poco a poco de una forma muy sutil, comenzamos a
incorporar estas fantasías románticas a nuestras relaciones reales. Lo cual, es
ya una agresión contra la relación en sí. No creo que tenga nada de malo que
nuestras fantasías románticas se vean afectadas o dirigidas por la inmersión
mediática que comento, pero vaya que tenemos un gran problema de A) confusión,
B) malinterpretación y C) individualidad en nuestras relaciones reales. En
lugar de depender de la respuesta emocional de la otra persona y tener una
mente fresca (sí, es la mente) para escuchar (con todos los sentidos) lo que la
otra persona añora en silencio, comenzamos a imaginarnos que la otra persona
piensa de cierta manera, o que espera que suceda algo y nosotros debemos
“atinarle” a lo que sea que satisfaga las necesidades psicológicas, emocionales
o pasionales de la pareja. Contra qué pared nos hemos topado, caray. En las
películas, el hombre perfecto siempre sabe lo que la mujer, renuente a la
palabra o a la expresión, necesita. La mujer perfecta siempre logra maniobrar
las acciones y emociones del hombre en una película. Así es como funciona
porque una historia tiene que comenzar y finalizar en menos de dos horas y
media y estos “atajos” en las relaciones amorosas de la media sólo nos enseñan
los highlights de lo que además es
una similitud a la realidad. Son
idealidades formuladas en el siglo pasado que se basan de otras idealidades
formuladas desde el inicio de la expresión artística: la poesía, la novela
escrita, el drama. Idealidades que ciertamente, no lo voy a negar, se han ido disolviendo
en la media de este nuevo siglo, pero que sin embargo se alcanza a vislumbrar
subyacente a esta “nueva época” del cinema amoroso. Cada vez hay más
incongruencias en las comedias románticas, pero eso sí, tocan los temas
actuales, las problemáticas sociales vigentes se reflejan en las nuevas
películas. No quiere decir que las idealidades hayan cambiado en las películas.
Repito. No quiere decir que las idealidades hayan cambiado en las películas.
Me
esfuerzo para comprender esta situación. Soy una víctima más, y un agresor más
de esta inmersión mediática en el romance individual. Lo lamento bastante.
Reniego haber caído con fuerza ante esta disyuntiva emocional que sí, se me
construyó en base a la educación familiar y a la media. (Que al mismo tiempo
considero que la educación familiar parte de la media, digo, mis padres tampoco
vivieron un tiempo sin media dentro de la sociedad). ¿Cuál es mi rol? Confieso
que no lo sé. Confieso que estoy confundido en gran detalle. Lo único que
comprendo es que más allá de cualquier específico, las idealidades de la media
me siguen mandando. El buscar el amor ideal. La historia perfecta. Amar y ser
amado. Suena sencillo, suena repetido, suena como el pan de cada día: Noticia
de último momento “Hombre busca amor en la vida. Busca. Busca.” Es esta
búsqueda incesante que cuando obtienes un destello de perfección en una
relación amorosa, lo persigues hasta que te das cuenta de la ilusión, es el
eterno resplandor a lo lejos sobre una carretera ardiente, que siempre se observa
y se tiene una curiosidad por alcanzar, pero que nunca se obtiene, que no es
más que un terrible juego de la física y la biología de nuestros ojos y mente. Sé
que tengo que escribir esto. Hoy, ahora. Sin importar la razón ni el objetivo. Escribirlo
antes de que se me vaya la idea como se me han ido todos los momentos de mi
vida. Ya estoy cansado de querer dar un mensaje, ésta es mi expresión solamente
para ver si de perdido en algún lado, en algún momento alguien logra entenderme
a través de la escritura en este momento de claridad que me llena de nostalgia
y de miedo. Pero también de esperanza. También de vigor y de ganas de
levantarme y salir corriendo muy fuerte.
En
resolución, creo que estamos terriblemente contaminados. No creo que haya
solución. Probablemente pienses en alguna, pero creo que ya la he considerado
también. No creo que haya solución. Creo que hay convivencia con esta evolución
emocional del ser humano. Es parte de nuestra naturaleza vivir en la constante
división expectativa/realidad. Nos da optimismo, nos señala el por qué
levantarnos e intentar una vez más. Quizás hoy sí la veo en el pasillo y me
decido a hablarle. Quizás hoy me encuentre un buen trabajo que a la vez me dará
una buena vida y me admirarán por eso. Quizás hoy es el día en el que me llaman
de esa maestría a la que es muy probable que no entre. Quizás esta vez para
variar me toca ser el único 100 del salón. Así son todos mis días. Mi pasión se
nutre de esta visión de expectativa/realidad que me esclaviza.
Cuando
hablo de mí, imagina que tú escribiste esto. Imagina que estas palabras las
pensaste y las desarrollaste y esto es tuyo. Yo no importo de esa forma, lo
relevante es que esto es para ti también, o más bien, sobre todo.
Coincido con tu reflexión y te agradezco nos compartas esto. El concepto de inmersión mediática explica en cierta forma la "brevedad" de las relaciones humanas actuales. Todo pasa de moda de inmediato y lo que era nuevo y encantador deja de serlo a la mayor brevedad posible. El día de ayer, sin irnos más lejos, empiezo mi día con la noticia del logo del tec y horas más tarde, la noticia de la muerte de robin williams cambia completamente la balanza y el tema del día.
ReplyDeleteHay ciertos estudios de comunicación que exploran las consecuencias de esta completa dependencia hacia los medios, como lo es la teoría del agenda setting, donde los medios dictan el tema del día, nos dicen de qué hablaremos, nos condicionan a pensar en ciertas cosas y no en otras. Y no sólo la televisión, actualmente el Internet y las redes sociales nos han sumergido completamente en una agenda. Uno pensaría que la libertad de expresión, la libertad de información son más asequibles en un contexto de este tipo, pero no, la información se sigue discriminando como hace 20 años. Sólo nos enteramos de lo que todos están hablando, de los hashtags más publicitados.
Acerca del romance, del hecho de enamorarse, es triste que sí, definitivamente existe una imagen creada, una imagen construida de manera ficticia, formada con base en expectativas -irreales- que se comparan con los modelos ofrecidos por Hollywood -bajo un esquema de imperialismo cultural-. Por eso me resulta muy refrescante ver un (500) Days of Summer o un Amour por cada 30 chick flicks que degeneran el concepto de romance. Lo que una mujer espera de un hombre en cada parte de la relación viene condicionado por una estructura dramática de producto masivo, no por una expresión artística del director. Y el problema es que el cine es una industria y está en todos lados, estas películas están en el tema de conversación del día a día de las personas con las que convivimos. Se vuelven parte del discurso preponderante en nuestra generación. Se vuelven un estándar.
A veces me pregunto si nosotros mismos no seremos también un constructo. ¿Quién en realidad ha podido alguna vez verse a sí mismo desde afuera, sin depender de un espejo, de la mirada ajena, de la aprobación ajena? Definitivamente nuestras expectativas están condicionadas no sólo por nuestra inmersión mediática sino por las costumbres, por la familia y la sociedad, y creo que los medios contribuyen a asentar de manera más firme las mismas costumbres, el status quo, lo que debe hacer uno en una relación de pareja. ¿Por qué callamos? ¿Por qué damos un primer paso en una relación? ¿Por qué nos formamos una imagen distorsionada de la otra persona? ¿Si nosotros mismos estamos descubriéndonos en cada momento, si nuestra vida entera estamos aprendiendo a conocernos, cómo podemos aferrarnos a ciertos ideales en lo que debemos obtener en una relación? A veces parece como si el noviazgo fuera un checklist de acciones en lugar de conocer a esa persona, a esa mujer, a nuestro propio ritmo y bajo nuestra propia intuición, que si bien nunca se librará del todo de las influencias de los medios y las redes sociales, sí creo que podemos actuar de una manera más racional y autónoma al escucharnos a nosotros mismos, al escuchar a la otra persona, al intentar -aunque sea muy difícil- quitarnos esas barreras, esos estándares, esas expectativas que constriñen nuestro pensamiento.